¿Exige el jefe perfecto? Quizás la perfección es pedir demasiado, ya que todo el mundo tiene limitaciones y defectos, pero es cierto que existe un perfil de jefe ideal más o menos compartido por todos.

 

No importa si se trata de un trabajo temporal o fijo ni si la empresa se basa en la externalización de RRHH o directivos propios, pues los empleados prefieren un liderazgo activo, fuerte, exigente y comprensivo. Capaz de estimular al equipo y predicar con el ejemplo.

Son muchos los rasgos que se valoran positivamente en este presunto jefe ideal.

 

En primer lugar, debe ser capaz de valorar la diversidad en sus recursos humanos: apoya los diferentes puntos de vista en el equipo y se aprovecha de ellos para tomar mejores decisiones. Es, en realidad, un mentor, alguien que guía con claridad, de una manera accesible, y siempre se interesa por los resultados operativos, pero también por el bienestar, la satisfacción y el éxito de sus empleados.

 

Le interesa contar con un equipo motivado, integrado y con autonomía y espacio suficientes para tomar sus propias decisiones sin miedo a equivocarse. Porque, además de valorar el funcionamiento colectivo, considera individualmente cada uno de sus recursos humanos.

El jefe ideal es, en consecuencia, un buen entrenador que posee una visión clara y estratégica del equipo. Es un excelente comunicador con gran capacidad de escucha y empatía, productivo y orientado a los resultados.

 

Estos son algunos de los rasgos más destacados del estudio realizado por Google sobre el comportamiento humano en relación a los jefes prolíficos y más deseados.

 

Otro factor muy valorado es la posesión de conocimientos y habilidades técnicos sobre la materia de trabajo, lo que le permite aconsejar con criterio, anticiparse a la realidad de sus empleados y ganarse una autoridad merecida sin ejercer un poder autoritario.