Una entrevista de trabajo es una situación crucial para el futuro profesional. Los nervios, la inexperiencia o el desconocimiento pueden jugar malas pasadas en esta comunicación que determina la adecuación o no al perfil.

Tanto si se trata de una entrevista de trabajo temporal como de una captación de recursos humanos fijos para la empresa, la imagen que se proyecta en ellas determinará, en gran medida, las posibilidades de incorporarse o no al puesto en cuestión.

Incluso, cuando estos procesos de selección se encargan a profesionales de la externalización de RRHH, en las etapas finales son los responsables de la empresa quienes los protagonizan. En ambos casos (sobre todo, en el segundo), el lenguaje verbal genera sensaciones que pueden resultar muy positivas… o todo lo contrario.

Existen palabras y expresiones que siempre hay que evitar en estas conversaciones: en especial todas aquellas que reflejen miedo («me temo»), desinterés («no me interesa»), apatía («me aburría») o desconocimiento («no sé» o «no, pero»).

La negatividad está prohibida: hay que erradicarla por completo. Se trata de eliminar las expresiones como «jamás», «nunca» o «no», así como aquellos comentarios negativos sobre las empresas, los compañeros y los jefes con los que uno ha trabajado. Evidentemente, cuando alguien es capaz de hablar mal de estas figuras en una entrevista laboral, los interlocutores consideran que también terminará hablando mal de ellos.

Existen muchas palabras y mensajes tabú que hay que evitar, así como expresar el interés por montar un negocio propio (lo cual convierte al candidato en competidor potencial), preguntar cómo se está haciendo en la entrevista o cuánto va a durar o mostrar la ignorancia y falta de preparación al preguntar a qué se dedica la compañía.

Lo mejor es que hay palabras positivas que contagian buena honda: capacidad, metas, esfuerzo, invertir tiempo, aprendo rápido, gracias, confianza y trabajo en equipo son algunas de ellas.