Un líder es mucho más que un jefe: es alguien ejemplar, carismático, que sabe estimular a su equipo para que cada individuo dé lo máximo y el grupo obtenga los mejores resultados. Los recursos humanos de la organización necesitan del liderazgo empresarial para optimizar su rendimiento, ya que esta figura orienta, dirige, perfecciona y regala confianza.

Muchas empresas, que valoran las ventajas de la externalización de RRHH y del trabajo temporal, llevan a cabo minuciosas selecciones y promociones para encontrar a los líderes idóneos en cada área y departamento. Pero, ¿cuáles son los rasgos diferenciales del liderazgo empresarial? En primer lugar, el líder es un visionario: tiene claro lo que busca, se anticipa, entiende los problemas como oportunidades de mejora y posee la suficiente capacidad organizativa para manejar todos los recursos en dirección a sus metas.

Un buen líder siempre es un magnífico comunicador: no solo convence con sus argumentos, también persuade con su actitud, su ejemplo y su entusiasmo. Cuenta con una gran capacidad de escucha y es empático, características que aprovecha para cohesionar al grupo e incrementar su motivación.

Otro de los rasgos más determinantes del liderazgo empresarial es su capacidad resolutiva: el verdadero líder no divaga, se orienta siempre hacia los resultados. Toma decisiones con valentía e inmediatez, sin perder de vista nunca la estrategia ni los fines perseguidos. En consecuencia, asume riesgos con naturalidad, aunque siempre de manera controlada, considerando los pros y los contras de cada alternativa y sin lanzarse al vacío… sin saber que lo está haciendo. Porque la creatividad y el instinto son dos cualidades inherentes a los líderes, que les llevan en ocasiones a tomar decisiones inesperadas que suelen tener éxito.

La capacidad directiva, la habilidad para imponer su voluntad cuando procede y su clara vocación hacia el servicio y la mejora continua, redondean el perfil más habitual de los auténticos líderes.