La cohesión, la confianza y el sentimiento de pertenencia a un equipo de trabajo son fundamentales para mejorar el rendimiento individual y colectivo. En este sentido, el liderazgo empresarial es determinante. Tanto si se ha apostado por profesionales de trabajo temporal como por profesionales fijos de la propia plantilla la formación de equipos de trabajo ha de buscar siempre la consolidación de un óptimo clima de confianza, integración y cordialidad que garanticen los mejores resultados.

La externalización de los RRHH permite contar con profesionales especializados y muy cualificados en diferentes tareas. La existencia de un líder sólido que sea capaz de establecer un ambiente de trabajo basado en la sinceridad, el compromiso, la colaboración y el espíritu de equipo garantiza que cada uno de los miembros del equipo se sienta libre, estimulado y motivado para dar lo mejor de sí mismo, en beneficio del colectivo.

Los Recursos Humanos de una empresa son determinantes para su porvenir. El ejemplo de los líderes es siempre contagioso. Cuando el principal responsable está comprometido, actúa con honestidad y dedica gran parte de su tiempo a preocuparse por los demás. Si escucha y anima a sus empleados y comparte con ellos las expectativas y los objetivos comunes, la respuesta positiva no se hace esperar.

Sin embargo, el liderazgo empresarial basado en una cultura del miedo, que incluye afrentas al orgullo, sarcasmos permanentes, coerciones y autoritarismos constantes solo genera negatividad, frustración, desgana y ausencia de motivación. En consecuencia, a medio y largo plazo, va en contra de los intereses individuales y grupales de todos los afectados y, en especial, de la empresa.

Sin duda, la mejor estrategia de liderazgo empresarial para los Recursos Humanos de una organización es aquella que apuesta por el respeto, la credibilidad, la empatía, la capacidad de escucha y la valoración sincera de los miembros. Con exigencia, pero también con comprensión, sinceridad y máxima comunicación.